¿Por
qué una educación emocional?
El informe
Delors señalaba cuatro pilares para la educación para el siglo XXI:
aprender a conocer, aprender hacer, aprender a convivir y aprender a
ser. Los dos primeros se refieren a la educación intelectual,
conocimientos y procedimientos, ciencia y tecnología,
respectivamente; mientras que los dos últimos tienen que ver con
las actitudes, con la formación humanística. La Educación
Emocional puede ayudarnos al desarrollo de estos cuatro pilares de
la educación: conocer, hacer, convivir y ser.
Entre los
argumentos que podrían esgrimirse para justificar la educación
emocional podemos destacar los siguientes:
Desde
la finalidad de la educación
La finalidad
de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad integral
del alumnado. En este desarrollo pueden distinguirse como mínimo dos
grandes aspectos: el desarrollo cognitivo y el desarrollo emocional.
El primero ha recibido tradicionalmente un énfasis especial, en
detrimento del segundo, que ha quedado prácticamente olvidado de la
práctica educativa. La educación emocional se propone un énfasis
especial en este aspecto con objeto de otorgarle la importancia que
merece.
Desde
el proceso educativo
La educación
es un proceso caracterizado por la relación interpersonal. Toda
relación interpersonal está impregnada por fenómenos emocionales.
En el proceso de aprendizaje individual y autónomo también está
presente la dimensión emocional. Todo esto exige que se le preste
una atención especial por las múltiples influencias que las
emociones tienen en el proceso
educativo.
Desde
el autoconocimiento
El lema
“conócete a ti mismo” ha sido uno de los objetivos del ser
humano desde la antigüedad, además de estar presente en la
educación. Dentro de este autoconocimiento, uno de los aspectos más
importante es la dimensión emocional.
Desde
la orientación profesional
El índice
de desempleados es un elemento de importante preocupación social.
Se estima que en el futuro la mayoría de las personas pasarán por
etapas de desempleo. Esto induce a que, desde la orientación
profesional, se contemple la necesidad de añadir una dimensión
hasta ahora olvidada: preparar para el “paro”. Como se sabe, el
“paro” puede provocar una disminución de la autoestima, estados
depresivos y otras secuelas en la salud física y psíquica del
individuo. Abordar esta problemática desde la prevención implica
preparar para la vida desde una perspectiva que contemple estas
eventualidades.
Desde
el fracaso escolar
Hoy en día
existen unos índices elevados de fracaso escolar, dificultades de
aprendizaje, estrés ante las evaluaciones, abandono en los estudios
universitarios y otros fenómenos relacionados con el fracaso
escolar. Estos hechos provocan estados emocionales negativos como la
apatía, la depresión la falta de motivación, la disminución de la
autoestima y, en algunos casos, llegan a intentos de suicidio. Todo
ello está relacionado con déficit en la madurez y el equilibrio
emocional.
Desde
las relaciones sociales
Es conocido
que las relaciones sociales pueden ser una fuente de conflictos,
tanto en la profesión como en la familia, en la comunidad, tiempo
libre y cualquier contexto en que se desarrolle la vida de una
persona. Estos conflictos afectan a los sentimientos, de tal forma
que a veces pueden llegar a producirse respuestas violentas
incontroladas.
Desde
la salud emocional
Continuamente
estamos recibiendo estímulos que nos producen tensión emocional.
Esos estímulos pueden ser estresores del trabajo, conflictos
familiares, noticias, interrupciones, reveses económicos, pérdidas,
enfermedades. Esta tensión emocional puede adoptar la forma de
irritabilidad, falta de equilibrio emocional, ansiedad, estrés,
depresión, problemas de relación. La frecuencia con que se
producen estos fenómenos merece más atención preventiva de la que
se le está prestando actualmente.
Desde
el nuevo rol del profesor
Cada vez se
ve más claro que el rol tradicional del profesor, centrado en la
transmisión de conocimientos, está cambiando. Esta modificación se
debe en parte a lo que comentábamos anteriormente de las nuevas
tecnologías, que permiten al alumno acceder a cualquier
conocimiento que necesiten de forma inmediata. De esta forma, el rol
de transmisor de conocimientos del profesor queda obsoleto, de lo
que se deriva la necesidad de que éste se centre más en aportar
una relación emocional de apoyo al alumnado.
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